Boxster Spyder: Sueño de una noche de verano (2a parte)

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Hace muchos años, cuando empecé con el blog, escribí un post hablando del Boxster Spyder. En ese caso, os hablaba del primero, del 987. Cuando salió ese coche al mercado me dejó absolutamente enamorado: por su estética, por su concepto y por su rendimiento. En seguida se convirtió en uno de mis sueños y me lo puse entre ceja y ceja como coche objetivo: algún día lo tendría en mi garaje.

Años más tarde, con mi Porsche ya en el garaje, coincidí en un evento en Centro Porsche Girona con la caravana Andy Warhol que recorría todos los Centros Porsche de España. Esa caravana llevaba, a parte de varias obras de arte, dos vehículos decorados con vinilo con piezas de Andy Warhol: se trataba de un 911 Turbo S (991.1) y de un Boxster Spyder (981). Y además, uno de los clientes invitados al envento, era otro Boxster Spyder. En España, se vendieron sólo dos unidades del Boxster Spyder y esa noche estaban las dos allí.

Recuerdo perfectamente el examen visual al que sometí las dos unidades. Una en color Plata GT con interior rojo (recordando al mítico 718 RSK Spyder en el que se inspira el concepto del Boxster Spyder) y la otra completamente negra. Veía sus lineas, sus dos jorobas y los buckets y el pulso se me aceleraba más de lo normal. Mi corazón me recordaba que eso tenía que caer algún día en mis manos. Esa noche no pude dormir.

A finales del año pasado, entré en un grupo de porschistas con el que solemos salir cada semana a desayunar. Somos 20 y la variedad de modelos es bastante grande. Casualidades de la vida, esa famosa unidad de prensa (el de color negro), es propiedad de uno de ellos y después de varios meses esperando el momento de volver a verlo en directo por fin coincidimos en una salida.

Seguía igual de perfecto. Precioso en cada una de sus curvas y sus lineas, súper agresivas, delatan a la bestia que lleva dentro aunque esté parado. Hicimos la salida como es habitual, pero ese Spyder me dejó otra noche sin dormir. Sólo le había podido hacer unas pocas fotos y lo había tenido detrás mío todo el rato por lo que prácticamente no lo había podido ni escuchar… A la siguiente salida no se me escapaba.

Y así fue. El pasado viernes salimos otra vez y le pedí al propietario si me podía subir con él. Cuando aceptó mi proposición ya me puse nervioso. La ilusión de poder subirme me ponía nervioso. Estaba muy expectante. Y no me decepcionó para nada.

Hicimos un primer tramo de escándalo. El coche transmite unas sensaciones súper directas. El motor, con escape deportivo de serie, es estremecedor, y el hecho de ir descapotado te hace sentirlo todo aún más intenso. Llevaba el modo Sport Plus activado y en cada reducción de marcha, petardeaba de una forma espectacular. Además, estrenábamos neumáticos (unos Michelin Sport Cup 2) por lo que el paso por curva era muy elevado. El coche aguanta una barbaridad. Llegamos al primer punto de reagrupamiento y bajamos a charlar de las sensaciones. Yo estaba absolutamente abrumado. Normalmente no voy nunca de copiloto porque me mareo fácilmente, pero esta vez no me mareé nada porque el piloto tenía muy buenas manos y trazaba igual que lo haría yo.

Tras reunirnos todo el grupo otra vez y charlar unos 10 minutos, reempendrimos la marcha. Y llegó un momento que sinceramente no me esperaba para nada: el propietario me ofrecía las llaves para que lo probara. Si antes estaba nervioso por el simple hecho de subirme en él, ¡¡¡imaginaos como me puse cuando tenía la responsabilidad de llevarlo!!!

Me senté, me adecué el asiento, y de los nervios no hacía algo bien porque giraba la llave de contacto y ¡no encendía! ¡Estaba pisando el freno en lugar del embrague! Vale, coche encendido. Íbamos a reanudar la marcha y tenía el freno de mano puesto. Mira que he llevado veces los nuevos modelos, pero no atinaba a darle al botón a mano izquierda. ¿Apretar o estirar? ¿Apretar o estirar? Ufffff… ¡por fin! ¡Liberado! ¡Vámonos!

Engrano primera y salimos. Estaba casi temblando de la emoción, pero tenia que centrarme inmediatamente. Y lo hice.

Sentía el viento en la cara y el motor pegado al asiento que sólo hacía que animarme a subir el ritmo con sus rugidos. Salimos del pueblo y dos curvas más adelante empezamos a subir el ritmo. ¡La segunda es eterna! Tal y como me había parecido cuando iba de copiloto, la dirección es muy directa y eso hace que el paso por curva pueda ser muy muy rápido. El chasis también lo permite. Empalmamos varias curvas rápidas y seguíamos subiendo el ritmo. La segunda parecía no acabarse nunca y engranar tercera significa salir disparado.

Y llegó la primera cruzada. Me asusté porqué no tenía la sensación de ir tan rápido pero la respuesta del coche es tan noble que no tuve la sensación de descontrol en ningún momento. Al contrario, control absoluto y más diversión. Miré al propietario y tenía una sonrisa de oreja a oreja; igual que yo. Seguimos.

A medida que íbamos haciendo kilómetros, conocía un poco más el coche, y me daba cuenta de lo lejos que estaba de poderle sacar todo su jugo. Los 375cv y el motor de 3.8 litros tienen una versatilidad, una recuperación y una aceleración espectaculares y hacen que todo el conjunto se transforme en una auténtica máquina de tragar asfalto.

No sé cuanto duró ni en minutos ni en distancia todo el tramo que conduje el coche, pero se me hizo corto. Muy corto. Cuando llegamos al restaurante estaba tan sobrepasado por las sensaciones que me había transmitido el Spyder que necesitaba tiempo para digerirlas. Estuve varios minutos ausente intentando ordenar ideas y sensaciones. Me costaba incluso estructurar una frase que contuviera más de 4 palabras…

La vuelta a casa se hizo eterna. Ya no iba en el Spyder. Lo veía unos coches por delante y escuchaba como se estremecía cada vez que reducía de marcha y aceleraba (por cierto, el punta tacón lo hace automáticamente y es una maravilla). Tenía ganas de llegar a casa para buscar Spyders que estuvieran en venta. Había decidido que sería mi próximo Porsche, por delante del 911.

 

 

 

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